Superando las esperanzas

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Propietarios de casas Hábitat, como María Elena Chávez, y voluntarios muchas veces aprenden que pueden lograr más que esperaban.
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Por Heather Wilkinson
María Elena Chávez no vaciló en solicitar una casa Hábitat. “Una amiga me dijo del proyecto,” dice ella. “En esa misma semana llevé mis documentos y me puse a conseguir los papeles. Creí en el proyecto.” María Elena es madre soltera y tiene dos hijos — Camila de 11 años y un bebé, Francisco Moisés.
María Elena y sus hijos viven en un cuarto donde ella trabaja como empleada doméstica. “Vivimos en la casa de mis patrones. En un cuartito los tres, no cabemos. Ahora Camila va a tener su cuarto. Ella está feliz. Quiere ver su casa terminada. Aun tiene una alcancía para juntar para pagar su casa.”
María Elena dice que al principio la construcción fue muy difícil pero ahora ella está acostumbrada. “Los primeros días que fui a trabajar fue muy pesado, en pleno sol cargando bloques y haciendo mezcla. Ahora los domingos que regreso de trabajar me pongo a jugar con mis hijos.” Añade que hasta disfruta el trabajo. “Es algo diferente de lo que hago.”
La misión de Hábitat para la Humanidad es crear comunidades saludables. A través de la ayuda mutua las familias beneficiadas empiezan a formar amistades que continúan después de que termine la construcción. “Reímos, bromeamos y trabajamos juntos,” dice María Elena. “Todos mis compañeros han sido muy buenos conmigo. A la hora de la comida, en la construcción, compartimos lo que llevamos. Es muy bonito.”